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Mi tortura

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Mi tortura

Mensaje  malumba19 el Vie Sep 16, 2011 6:37 am

A pesar de haber hecho todo lo imposible por recuperar mi autoestima, sigo con el desborde y la ansiedad que me producen los grupos cuando estoy en alguno de ellos.

He tenido una locura de vida familiar. Económicamente estables, mi padre y mi madre han sido dos opuestos. El primero nunca estaba, y la segunda arruinó completamente las posibilidades de tener una autoestima firme. Jamás sabía que podía llegar a responder, así que siempre tuve miedo de sus reacciones, y por consiguiente, siempre traté de hacerla sentir bien para que no explotase.

He olvidado muchas cosas con el paso de los años, pero algunas se han quedado grabadas en mi cabeza: aquella vez que me lanzó un jarrón a la cara, las veces que decía que se suicidaría por nuestra culpa (de mi hermana y mía), la vez que tiró mi equipo de música por la ventana (y lo intentó con el ordenador), la vez que se apropió de mi diario para ensañárselo a los vecinos, la vez que dijo convencida que debía haber abortado y ójala nunca hubiésemos nacido, la vez que tiró todo el contenido del armario y los cajones por el suelo, la vez que rompió la puerta de mi habitación a patadas, las miles de veces que me ha insultado o incluso agredido, empujándome y tirándome de los pelos, que ha llamado a la policía para tratar de denunciarme, que me ha quitado el DNI para evitar que me matriculase en el instituto de mi elección, el defender a su marido (una vez separada de mi padre) por encima de sus hijas, el echarme el dinero a la cara, el dejarme en mitad de la nada, el humillar a los pocos amigos que he tenido gritando y rompiendo cosas en su presencia (también me tiró la escoba, ahora que recuerdo), el cambiar la cerradura de casa y obligarme a pedir permiso para entrar, las amenazas constantes de echarme de casa, hasta que se cumplieron..., y la vez que me echó de casa, solo un mensaje de teléfono, las cosas en casa de mi amiga, y yo (que estaba de viaje), me enterase tres días después. El no poder siquiera recoger mis cosas en seis meses....

Esta es la cruda y jodida realidad, y me pone sumamente triste, porque eso era cuando era increiblemente mala. Y a veces era buena.

Tuve problemas con los compañeros desde pequeñita. Fui hasta los diez años a un colegio privado, y aunque no era popular, siempre había una opción para no estar sola o que me hiciesen grandes putadas.

Hasta que me cambié a un colegio público en Madrid. Los once y los doce años fueron horribles. Tenía miedo a una india grande, llamada Nimisha, que me amenazaba constantemente con pegarme si no hacía lo que ella decía. Accedía a sus peticiones. Se burlaban de mí. Hacían que fuese siempre la que "pillaba" en los juegos, y cuando me enfadaba o lloraba decían que era una llorica. Que era feísima, horrible, y nadie se sentaba a mi lado a no ser que tuviese otra opción. Odiaba gimnasia, ya que siempre era la última en ser elegida, y se escuchaba siempre una especie de "Mierda, nos toca esta" que hacía que quisiese desaparecer. Incluso llegaron a convencerme de que tenía el culo gordo y "pistoleras", que decían que era grasa acumulada en los muslos. Me obligaron a darle una pequeña colleja a un chico gitano, y este se vengó escupiéndome mientras me daba patadas en el suelo. Las demás se reían.

Primero y segundo de la ESO, en otro colegio, tuvieron una tónica similar de la que no quiero describir mucho más. Tengo grabada en mi recuerdo como iba hablando un compañero de otra clase detrás de mí a otra chica, en la salida del colegio. ¿Te has dado cuenta de lo fea que es X? ¿Y lo tonta que es? Es una idiota como pocas, sin amigos ni nada, que asco que da.
En una clase en la que el profesor faltó unos veinte minutos, y sentada yo que estaba en primera fila, recibí una lluvia de lápices, sacapuntas, pelotas de papel y cualquier cosa que doliese al chocar contra la cabeza, sobre mi cabeza.
Me robaban material escolar y dinero. Compré candados y me rajaron la mochila.
No era invitada a los cumpleaños, y dejé de ir a clases de gimnasia y al comedor por que en el primero era la última en ser escogida (y trataban de golpearme con los balones) y en el comedor tenía que comer sola.
Tercero y cuarto tuvieron el mismo affaire. Las niñas cuchicheaban riéndose de lo que hacía, volvía a estar sola y marginada. Hablaba en voz baja, y casi lloraba de alegría si alguién me decía algo bonito, porque era la misma tónica. Me pusieron un post-it en las espalda que rezaba "Pégame una patada", y del que me dí cuenta treinta minutos después, cuando la gente se quedaba mirando tontamente.

Primero de bachillerato empezó a mejorar. Empecé a relevarme contra mi madre. Empecé a salir con solo una amiga. Empecé a hacer los primeros esbozos con los chicos. Todos siempre coincidían en una cosa: era muy inteligente.

Pero seguía temiendo el rechazo de los demás. Y tenía un complejo de belleza tal que aunque todo aquel que tenía la oportunidad de mirarme decía que poseía una belleza muy sensual (ojos grandes y labios carnosos, cara fina, cuerpo voluptuoso), aún sigo detestandome en el espejo.

Segundo de bachillerato fue solo ignorancia. Lo que ahora es quizás la forma de indefensión más grande que tengo: pregunto y pregunto si mis temas aburren, y adapto todo el contexto general a la otra persona, para que se sienta lo más a gusto posible y quizás en algún momento me de la oportunidad de ser atendido. Y si alguién me ignora, aunque la otra persona no sea importante, siento que yo soy una gran carga y me arrepiento de incluso haber hablado o molestado en interactuar.

He conocido a grandes personas, muy inteligentes, equilibradas y buenas, que han cogido poco a poco la nula autoestima que tenía y la han ido reestableciendo. Pero aún así, sigo sintiendome profundamente inferior, y mis respuestas están a la altura de este sentimiento.

Sé que ha sido el problema familiar y escolar lo que ha hecho que no consiga recuperarme del todo. Y lo estoy intentando. Pero es muy complicado des-aprender lo aprendido. Es toda una vida de humillación ante el prójimo

malumba19

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